Quiero tener la VALENTÍA para perdonar.
Y para Olvidar.
Para cambiar de página y comenzar todo de nuevo.
Para abrir los ojos de verdad.
Para ver en las cosas simples los verdaderos milagros.
Para aceptar que sí puedo, sólo que tengo miedo, y que los “hubiera” no existen.
Qué los verdaderos amigos están siempre, aunque estén lejos, solo están.
Qué la fábula de la felicidad eterna nos la vendieron los que no quieren que nos demos cuenta de los momentos en que sonreímos.
Quiero tener la valentía, para saber qué cuando alguien no es sincero, debo alejarme aunque duela.
Que a la final las palabras son palabras. Y el que las usa poco, las usa con razón, sintiéndolas.
Y él que las usa mucho, tal ves te de las que le sobran.
Quiero tener la valentía para enfrenarme al día en piense… ¿si esto es tan superficial, por qué lo sigo haciendo?
Que ya el papel de víctima se quedó para los cuentos épicos.
Hay mucha diferencia entre tolerante y complaciente. Quiero tener la valentía para saber que he sido un poco las dos. La primera es mi mayor virtud. La segunda hizo que las personas me crean un objeto que poseen.



